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Miscelánea - Manual de Bogotá






Sobre las relaciones colombo-venezolanas hay dos hechos que deben ser recordados constantemente: el primero, que los conflictos entre Colombia y Venezuela no son una novedad, y el segundo, que los repertorios para sus soluciones siempre han sabido encontrar vías alternativas para superar los impases propios de una relación que siempre ha contado con un componente afectivo. En periodos de calma como el actual, nunca está de más reafirmar esta situación.

 

Desde el 24 de julio de 1975, Bogotá tiene un enorme recuerdo de estas dos afirmaciones, el cual a fuerza de costumbre -como pasa con casi todos los elementos que sostienen nuestros estrechos lazos binacionales- pasa desapercibido por completo a pesar de tratarse esta vez de una estructura de hierro de diez toneladas y de 14 metros de altura!!

 

Quienes hayan seguido algunas de las afirmaciones de muchos de los formadores de opinión pública en la actualidad sobre las relaciones colombo-venezolanas, poco estarían sorprendidos de que se ignoren cosas como éstas, que en parte, gracias a este “olvido” es que siguen manteniéndose en pie.

 

Esta curiosa situación no sólo “defiende” a la “Ala solar”, obra del artista venezolano Alejandro Otero, que opacada por las actuales “obras” del Transmilenio sigue en pie entre la calle 25 y la avenida las américas, muy cerca al centro administrativo distrital.

 

Desde su fundación, “la zona verde que rodeaba al monumento se convirtió en un parque de recreación para los bogotanos, con el marco de esta estructura que cambia de tonos y de formas de acuerdo al viento, el público hace sus tertulias de medio día” (Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, 2008, p.327).

 

La referida obra, donada a Colombia por Venezuela, compuesta de 42 piezas móviles -ya hoy opacas- esperaba recibir la luz del sol y reflejarla, constituyéndose en “otro de los símbolos para perpetuar la hermandad entre colombianos y venezolanos”, tal y como lo refería el entonces alcalde de Bogotá Alfonso Palacio Ruedas.


 

(En la foto el Alcalde de Bogotá, Alfonso Palacio Ruedas, y la Primera dama de Venezuela “doña Blanquita de Pérez”) El Tiempo, 25 de Julio de 1975, p.5C.

 

 

Para la fecha en que la estatua fue instalada se negociaba la posibilidad de un condominio entre los dos países en el Golfo de Maracaibo, rebautizado desde el lado colombiano por el presidente López como el Golfo de Coquivacoa retomando el nombre que los indígenas Cocina le daban a la zona, en medio de un proceso, no ausente de fuertes tensiones diplomáticas, en la búsqueda de la delimitación de las aguas marinas y submarinas entre Colombia y Venezuela. Se delimitaban fronteras, pero no se buscaban establecer límites entre las sociedades.

 

En este contexto el Embajador venezolano, José Melich Orsini, gestionaba una donación destinada a “dar a conocer los valores culturales venezolanos, al tiempo que establecer una sólida cultura de comunicación cultural entre los dos países” (Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, 2008, p.326).

 

Mientras los presidentes, Carlos Andrés Pérez y Alfonso López Michelsen se ocupaban de una difícil gestión diplomática, hasta hoy inconclusa, las primera damas Blanca Rodríguez de Pérez y Cecilia Caballero de López se encontraban en el aeropuerto El Dorado, en medio de  la mayor cordialidad, “al ser interrogada por Doña Cecilia Caballero de López sobre cómo había sido el vuelo, ya que en el país se han registrado fuertes ventarrones en los últimos días la señora de Pérez le respondió: ‘Todo muy bien; por allá también tenemos vientos” (El Tiempo, 25 de Julio de 1975, 5C).

 

“Pequeñeces” como estas son el sustento de la multiplicidad de lazos presentes entre los dos países, un estrecho vínculo construido a lo largo de los años que como “el sol” de De Certau “está manchado y disperso en mil pedazos en el accidente de la cotidianidad”.


 

(El Tiempo, 24 de Julio de 1975, 4B)                                                              

                             



Referencias


Dosse, François (2003). Michel de Certeau: el caminante herido. México: Universidad Iberoamericana, Departamento de Historia.

 

Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (2008). Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de escultura y monumentos conmemorativos en el espacio público. Vol 1. http://www.patrimoniocultural.gov.co/descargas/monumentosesp_publico.pdf


Periódico El Tiempo (24 y 25 de Julio de 1975, pp. 4b y 5c).



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Actualizado (Martes, 08 de Febrero de 2011 12:28)
 
 
 
 
 

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