Frente Político - Alta Consejería
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| The bricks in the wall |
| Another brick in the wall (Part I) |
| Another brick in the wall (Part II) |
| Outside the wall |
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ANOTHER BRICK IN THE WALL (part II)
El martillo y la pica

Bajo la conducción de Leónidas Brezhnev, la URSS, aprovechó la crisis coyuntural que afectaba el sistema capitalista occidental e incorporó a la órbita soviética a países como Vietnam, Laos, Mozambique, Angola, Etiopía, Camboya, Yemen del Sur, Nicaragua y Afganistán. Esta situación favorable políticamente, llevó a Brezhnev a querer superar el equipamiento armamentístico de los EEUU, pero este esfuerzo, llevó a tomar, en lo económico, medidas que la URSS no estaba en condiciones de realizar.
La estructura industrial soviética se había transformado también en un inconveniente, ya que para su funcionamiento exigía cuatro veces más energía, materias primas y acero que la de de los países capitalistas. En el plano político-militar, la llegada al poder en EEUU de Ronal Reagan, con la duplicación del presupuesto militar norteamericano y el programa implementado denominado “guerra de las galaxias”, había obligado a la URSS a duplicar también el esfuerzo en cuanto a la carrera militar. La economía soviética, para los años 80, presentaba un claro signo de reprimarización de la economía, es decir, la exportación de materias prima superaba las ventas de productos manufacturados.
En 1982 falleció Brezhnev, y la lucha por la sucesión fue durísima. El sucesor escogido fue Yuri Andropov. Luego vino la súbita muerte de este en 1983, y le sustituyo Konstantin Chernenko, viejo burócrata de 73 años, ya muy afectado de salud, cuyo reinado se suponía breve. Al producirse el deceso, el sector conservador del Partido se había quedado sin candidato claro y los renovadores impusieron a Mijail Gorbachov, que entonces tenía 54 años.
El proyecto de Gorbachov implicaba la imposibilidad de mantener por la fuerza a los regímenes de las "democracias populares" tal como se habían configurado tras las sucesivas intervenciones soviéticas. La perestroika y la glasnost gozaron una inmediata consecuencia en los Estados satélite de la Europa del Este. La forma en que Gorbachov puso en marcha el desmoronamiento del "imperio soviético" fue simple: no hacer nada para defender los regímenes del Este europeo. Sin la intervención soviética, estos gobiernos fueron barridos con extraordinaria facilidad en el corto plazo de unos meses.
Presionados por Moscú, apremiados por Bonn, los gobiernos de Praga y Berlín Este resolvieron rápidamente el problema de los refugiados en la embajada de la capital checoslovaca mediante su traslado al Oeste en los llamados trenes de la libertad. Pero la visita de Gorbachov a Berlín Este, del 6 al 8 de Octubre, transmitió algunas señales equívocas, pues se interpretó inicialmente como un apoyo para el equipo de Honecker, cuando la verdad es que precipitó la descomposición del régimen y tuvo un efecto demoledor. El jefe de Kremlin prodigó los consejos en pro de las reformas y advirtió a los dirigentes del SED, con tanta prudencia como energía, que, en caso de graves disturbios, no podrían contar con el apoyo de los 400.000 hombres del Ejército Rojo acantonados en la RDA. Esta decisión de Gorbachov, corolario del entierro de la doctrina de Brezhnev, sobre la soberanía limitada, tuvo un efecto fulminante.
Tres semanas más tarde llegaron más de 7000 fugitivos de la RDA en trenes especiales procedentes de Praga. En un principio, el gobierno checoslovaco declaró que este problema había de ser solucionado por los dos Estados alemanes. Pero imposibles de olvidar son los gritos de "¡Alemania, Alemania!", a la llegada de los "trenes de la libertad", demostrando al mundo que los alemanes se sentían unidos y la cortina de hierro a desaparecido para siempre.
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